El itinerario de las moscas

El itinerario de las moscas

Este cuento que publico completo,  tiene la finalidad de aliviar las tensiones  del mes de diciembre que, en Argentina, tradicionalmente, los ánimos están caldeados.

Florencio Ramiarte, es un hombre de cuarenta y ocho años, cuya profesión es, viajante de comercio del rubro ferretería. Su zona incluye las provincias de Santa Fe, Chaco, Santiago del Estero, Tucumán y norte de Córdoba.

Dar la vuelta completa, recorriendo los comercios que figuran en su cartera de clientes, le demanda mes y medio. Cada tanto llama a la casa central e informa el resultado de sus ventas.

Al término de su circuito, descansa quince días en un suburbio de  Buenos Aires, donde comparte su vivienda con una mujer paraguaya, a la que atiende, se entiende, mientras está en la casa, que es de su propiedad y que ella mantiene cuidadosamente.

Durante su gira, Florencio se aloja en los lugares que sirven de centro geográfico de cada zona y vive varios días, aprovechando para reacondicionar su vestuario y realizar el mantenimiento de su baqueteado Ford Taunus.

Esta vez, la expedición no está produciendo los resultados esperados, la venta es escasa y la cobranza está muy difícil, por lo tanto decide explorar nuevos territorios.

Transitando una ruta de Santiago del Estero a Córdoba, en un cruce vecinal, ve un cartel indicador casi ilegible, que indica: La Marca  4.

Sin pensarlo demasiado, encara el camino de tierra, esquivando las huellas profundas, rodeado de un paisaje despojado. Al llegar al pueblo, quizás el nombre de pueblo es demasiado, da la clásica vuelta del perro por la plaza.

Así, descubre el mejor y único hotel y fonda llamado El Refugio. Él viene de un largo viaje y le parece mejor alojarse, comer algo y después de la siesta, encarar los comercios de los posibles clientes. Son las once de la mañana.

Al ingreso, encuentra al administrador del lugar haciendo un crucigrama acodado en el mostrador; el viajante observa el recibidor en estado ruinoso y la construcción, que necesita reparaciones varias de forma urgente y duda…; la espalda le avisa que es necesario un descanso y eso lo decide.

Se dirige al tipo que lo mira con curiosidad y le pide el mejor alojamiento, el conserje le responde ceremonioso:

  • Lo mejor que tengo es una pieza, con una ventana que mira a la plaza, está bien equipada y está libre en este momento. Tenga en cuenta que allí se alojó un monseñor.
  • ¿Un obispo, en este pueblo? ­–pregunta el viajante, irónico.
  • Mire, en realidad no sé, si era o no, eso dijo él. Es lo mejor que tengo, ¿le interesa?
  • Bueno, la tomo por hoy, otra pregunta ¿el baño?
  • Sale y por el fondo va a encontrar una caseta con letrina y una pileta afuera para asearse. Aquí tiene jabón, si le hace falta.
  • No, gracias, yo traigo –Florencio mira con desdén el trozo de jabón de lavar la ropa, que le ofrece el otro.

El viajante, llega a la habitación y se recuesta en una cama que cruje; el mobiliario es pobre y el espejo del ropero, está comido por los hongos; del techo cuelga  un aplique con una lámpara sucia. La ventana, no tiene cortinas y tiene que buscar un rincón alejado para cambiarse y no ser visto. Los chiquilines del pueblo ya se han dado cita para ver al forastero y miran a través del vidrio. El lugar es deprimente pero se consuela pensando que a lo mejor, con un poco de suerte, ni pasa la noche allí.

Un poco antes del mediodía y preguntándose que habrá para comer, porque el aire está invadido por aromas apetitosos, decide ir al baño y caminando por un sendero de losas, encuentra el mentado “baño”, destartalado y hediondo, infectado de moscas que lo acosan sin piedad mientras hace equilibrio en la letrina, con una mano sosteniendo el pantalón bajo y con la otra manoteando al aire sin descanso.

Indignado por el penoso trámite, sale del baño y se dirige directo a la recepción y con vehemencia, reclama al encargado:

  • ¡Oiga! ¿Me puede decir a que hora no hay moscas en el baño?
  • Sí, claro… a las doce –responde el hombre, displicente.
  • ¿Cómo? –pregunta el viajante, desconcertado.
  • A esa hora, están todas en el comedor. A todo esto, ¿le reservo un lugar para comer?
  • No gracias, estoy a dieta.

Que la pases de lo mejor en las Fiestas que se avecinan. Salute.

Malandrín y estafador

Malandrín y estafador

“Y ahora sé, que en cualquier momento me la van a dar” rock nacional "Matador"
El estafador - cuento policial

La tarotista despliega las cartas frente a mí. Chasquea los dedos de su mano libre y me mira con gesto adusto. Examino su rostro: boca amplia, franca. Ojos verdes expresivos e incisivos, cara redonda, regordeta, con arrugas gestuales atrayentes.

Recorro con la mirada el ambiente; la penumbra es lóbrega  y no permite adivinar los contornos del lugar, sólo una lámpara, muy direccionada, ilumina la mesa y nuestras siluetas, que reposan frente a frente en una pasividad tensa.

Ella, recoge las cartas en silencio, mezcla el mazo, corto nuevamente y despliega las cartas en un dibujo distinto al anterior… mueve la cabeza con fastidio… Reúne las cartas y vuelve a mezclar. Me penetra con la mirada y pregunta:

  • ¿Cuál es tu nombre?
  • Rafael.
  • ¡Ah!… El Rafa. –Dice ella mirándome con mayor interés. Vas a tener que pagarme ahora.
  • ¿Cómo? ¿Antes de leerme las cartas? –pregunto incrédulo. Meto la mano en el bolsillo del pantalón y extraigo un billete de 50 dólares y lo arrojo sobre el tapete, ofendido.

Ella lo observa detenidamente, luego extrae una lapicera luminosa y enfoca al billete con una luz que permite detectar detalles ocultos. Satisfecha guarda el dinero y comienza una nueva tirada cambiando el dibujo.

Es la tarotista más famosa de Buenos Aires, la llaman la “marroquí”. Sólo trabaja con gente que camina por el lado oscuro de la Luna… Ahora se decide a hablar.

  • Así que tú, eres el famoso Rafa.
  • Hay miles de Rafa. Contesto con voz neutra.
  • En este ambiente sólo dos. Y el otro, el asesino profesional, ha muerto hace dos semanas. Ahora tú eres el único –tras una prolongada pausa continua–. ¡Ajá!, “El fabuloso Rafa”, “el mago”… Bueno, pasando a lo que auguran las cartas y resumiendo: Tienes  mucho pasado, poco presente y ningún futuro.
  • ¿Para eso te he pagado 50 dólares? Si estoy aquí, por primera vez en mis … casi cuarenta años de profesión es porque estoy complicado.
  • ¡Muy complicado! – He tirado tres veces las cartas y en las tres terminas mal. Apaleado, mutilado y muerto –sus ojos lo dicen todo–. Es el momento que levantes vuelo.  Rápido.  Sin demoras. ¿Me entendiste?  No te dejes ver. 

Toma el teléfono y llama a una empresa de taxis. Luego me despide:

  • ¡Suerte! La vas a necesitar: Un taxi de mi confianza te llevará a donde tú quieras; ¡Muévete, el tiempo no está de tu lado!

Al subir al taxi, me escondo en el asiento trasero y le digo al conductor.

  • Lléveme a Villa Ballester. Me recuesto, porque estoy un poco descompuesto.
  • ¡Pero, eso es provincia! – dice el tipo sin arrancar.
  • No se preocupe por la plata. Le pago lo que sea.
  • ¡Siendo así! –El vehículo se mueve; él dice con ironía–. Esta mujer los deja mal; muchos  salen descompuestos.

Mientras el taxi hace su recorrido afloran los recuerdos. Primero los recientes. Esta mujer mi conoció por mi apodo. El Rafa… continuará

7 páginas formato Word o PDF; pídeme la versión completa y la recibirás GRATIS: jorjowainot@gmail.com