El daño

El viejo y la gitana

El hombre está vencido por la vida y las circunstancias, tiene como cien años cargados en su espalda de meticulosos fracasos aunque su edad cronológica sea mucho menor. Deambula por la vida como un santón hindú, habiendo agotado ambiciones y apetitos. Para la sociedad no existe, es menos que NN, duerme donde lo encuentra la noche, en una plaza si hace buen tiempo, debajo de una autopista si llueve, acurrucado en la entrada de cualquier galería comercial si hace frío. Come muy poco, en lugares donde se da un plato de comida caliente por caridad.

Goza de una virtud, es muy pulcro; misteriosamente siempre usa ropa limpia y esto lo hace pasar desapercibido en la multitud. Tiene un pasatiempo, caminar: recorre por día unos 20 kilómetros.

Transita barrios, plazas, monumentos. Es un observador solitario en medio de gentíos. Las caras no le interesan. El resto lo observa todo minuciosamente, con curiosidad renovada. Salvo contadas personas que saluda por hábito, por conocerlas de una época pretérita, no entabla contacto con nadie.

Un sábado caminando por un gran parque donde hay puestos de artesanías, que recorre de vez en cuando porque le atraen los objetos realizados con las manos y con la mente; al llegar al final de la feria y en el espacio verde hay algunas personas de ambos sexos que han desplegado mesitas y sillas a cierta distancia entre ellos donde adivinan la suerte mediante cartas, bolas de cristal, runas y otros objetos. En definitiva, es el templo de los crédulos y los perversos… Una voz lo llama:

  • ¡Shh, Shh! – Él no la toma en cuenta.
  • ¡Oye guapo! – no mira, ¿para qué?… pero la voz femenina insiste
  • … ¡Hombre, dígnate mirarme por lo menos! -es una voz de mujer grande, gastada, ronca, quizás por el tabaco o el alcohol.

Ante la insistencia y tratando de evitar un escándalo, el tipo dirige su vista hacia la mujer. Se trata de una gitana gorda que lo mira intensamente y le hace un gesto invitándolo a sentarse frente a su mesa.

Él contesta frotando los dedos de su mano derecha informándole que no posee dinero.  Ella insiste, el parque está semidesierto a esa hora temprana de la tarde. Él por cortesía, que no ha perdido, se acerca y se sienta frente a ella.

  • No tengo dinero, ni creo en tus argucias.
  • ¡Habrase visto!, ¿por quién me tomas? ¿acaso nos crees a todas iguales?
  • No te ofendas pero sí, creo que todas fueron educadas para vivir de este modo, engañando de distintas formas; dice en voz baja… y recuerda, yo no tengo nada y tu trabajo será inútil.
  • ¡Inútil no! Yo te ayudo a ti y tú a mí. -La mira a los ojos con esa mirada helada del que no tiene, ni da afectos y recibe a cambio una mirada cálida, comprensiva, íntima. Se produce un silencio, por fin la interroga.
  • ¿Y como podría yo socorrerte?
  • Como yo te ayudaré a ti. ¡Dándome suerte!
  • ¿Suerte?, -suelta una involuntaria carcajada-. Te has equivocado de persona mujer.
  • No lo creo. Yo soy muy perceptiva, tengo clarividencia. Soy muy apreciada entre los míos por mis dones.
  • ¡Bah! Esas son pavadas repetidas tantas veces que al final te las crees. -La incredulidad se expresa en los ojos.
  • Puedo demostrarlo. Yo soy gitana de una tribu egipciana de las más antiguas que hay en este mundo.
  • ¿Egipciana?… ¿qué cuento es ese? Nunca en mi vida escuche semejante cosa.
  • Egipciana es la tribu de gitanos que trajo a Europa desde la India, hace más de veinte siglos las cartas del Tarot… ¡Nadie! Absolutamente nadie, sabe los significados ocultos reales de aquellas cartas como nosotras. Ni siquiera otras tribus gitanas. Mucho menos estos aprendices de brujos que pululan hoy día. -ella mira con desdén hacia las otras mesas instaladas-. -el hombre no contesta, escéptico.
  • Dame tu mano izquierda. El acepta con desgano, mientras observa las otras mesas. Las miradas de los que ociosos convergen hacia ellos. Vuelve su vista hacia la mujer, incómodo y arrepentido de su debilidad que lo ha puesto en esta situación ridícula. Ella extiende sus manos calientes y examina minuciosamente el anverso y reverso de su mano izquierda en silencio. Luego extrae de sus ropas una bolsita con sal gruesa, le pone unos granos en la palma de la mano y la frota con su mano izquierda hasta quedar ambas rojas y ardientes…

Continuará 

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El enigma de Virginia

El Enigma de Virginia

Cuento extenso.

Frida es una joven inteligente y decidida que no está dispuesta a que un enigma del pasado perturbe  su reciente matrimonio.

Al regreso de su luna de miel y durante la mudanza de los muebles de su esposo al nuevo hogar, aparece un sobre cerrado, antiguo, dirigido a él.

Él se resiste a regresar al pasado, superado a duras penas, pero la curiosidad de ella, puede más y descubren un mensaje que pone en duda la postura del hombre.

Frida, comprende que debe encontrar una solución a éste tema, porque sino quedará como un conflicto irresuelto.

Para ello desarrolla una estrategia  que la ayudará a resolver el acertijo.         Continuará…

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