El blog de JW

El Blog de JW

Te preguntarás cual es el motivo de la existencia de este Blog.

                Te cuento que no fue una decisión mía. Mi nombre es J.J. Arias y soy una persona mayor, que descubrió hace 17 años, en un momento de grave crisis económica a otro tipo, mi otro yo, Jorjo Wainot.

                Este tipo se empeñó en escribir, como una terapia para seguir vivo y el camino que eligió fue la literatura de ficción y en particular la literatura policial, genero de larga trayectoria en la tradición argentina.

                Nacido y criado en la misteriosa Buenos Aires y a la sombra de famosos escritores de fama mundial, en estos 17 años Jorjo Wainot ha escrito una treintena de cuentos diversos, siete novelas del rubro policial y una de aventuras.

                 Debido a que las editoriales en la Argentina sólo juegan a ganador, publicando a los ilustres muertos y a los mediáticos televisivos, dejando de lado al resto; este tipo ha resuelto publicar por este medio, sus experiencias y sus escritos en forma de publicaciones periódicas, completamente GRATIS a quienes le interesen.

                Mientras tanto yo, J.J. Arias, practico Tai Chi Chuan, en su forma de arte marcial; realizo actividades sociales, bailo todos los sábados, tango y ritmos afines; música tropical de diferentes regiones; folclore argentino y disfruto de mi familia.

                    Desde ahora, quedas en compañía de Jorjo Wainot, en éste Blog llamado: policialesjw.com

Los caballeros de la noche

Los caballeros de la noche

Este relato está basado en un hecho histórico y fue el primer texto policial que escribí, adaptando un breve pero jugoso artículo de la revista Todo es Historia.
1881
En el mes de febrero de 1881, el transatlántico L´Italia amarró en el puerto de Montevideo trayendo desde el puerto italiano de Génova a muchos inmigrantes europeos. Entre el pasaje desciende un hombre joven de aspecto distinguido que hablaba el español pero se notaba que no era su lengua nativa. No extrañó al agente de Aduanas que fuera un europeo ya que en aquel entonces se contaban por miles los que llegaban desde distintos puntos, especialmente con destino a Buenos Aires, pero que recalaban en Montevideo para estirar las piernas y ver que oportunidades de algún tipo podía presentar la ciudad luego de 19 incómodos días de navegación por el siempre temperamental Atlántico.

Se registró con el nombre Alfonso K. de Peñaranda de nacionalidad belga, 28 años oriundo de Bruselas de profesión pintor. Ochenta kilos, un metro con 76 centímetros de altura, ojos azules, pelo negro. Lo que sí llamó la atención de aduanero fue la excelente calidad de sus ropas y de las botas. La mayoría de los inmigrantes viajaba muy pobremente vestido ya que habían invertido casi todo en el pasaje. Luego de consultarle cuanto tiempo permanecería en la ciudad, el belga con una sonrisa le respondió que sería por el tiempo que lo soportaran. Terminados los trámites y acompañado por una liviana maleta de cuero se dirigió a la fila de carruajes que esperaban pasajeros para trasladarlos a hoteles, albergues o casas de familia de la ciudad. 

Cuando subió al vehículo le pidió al cochero que lo llevara a una pensión donde dieran bien de comer, fuera limpia y de precios moderados.

Los días del verano transcurrían morosamente y mientras el belga hacía amistades, estudiaba el ambiente. Concurría a prostíbulos y bares orilleros, garitos donde jugaba bacará, con el propósito de pescar algún negocio rápido y acriollarse en su hablar. El belga, como muchos de sus compatriotas, tenía facilidades para los idiomas, él dominaba el francés, inglés, alemán, italiano y el español europeo pero necesitaba adecuarse a los modismos del Río de la Plata.
En abril decidió probar suerte en Buenos Aires e ingresó por el camino más tortuoso. Viajar por tierra a Carmelo, un rancherío sin gracia y bastante peligroso, pero el belga no temía, usaba un bastón estoque con destreza y calzaba una pistola Beretta italiana de 5 tiros, que era lo más avanzado en ese tiempo como arma de puño. En Carmelo embarca en un viejo bergantín que costea las islas del Delta del Río de la Plata, hasta llegar a San Fernando, otro pequeño y misérrimo poblado pero del lado argentino. Se aloja en una casita de madera en las barrancas del pueblo de Belgrano cercana al río donde todas las tardes va a nadar y a conocer gente.
Con el primero que congenia es con Morete de la Plaza, un inescrupuloso y confianzudo morocho robusto que tiene fama de pesado en el paraje, quién le va presentado otros tipos de la misma ralea. El belga ve la oportunidad y decide formar con ellos una sociedad secreta

Los caballeros de la noche

Primero los involucra en su forma de pensar con su persuasiva verba, exponiendo que juntos pueden hacer mucho más que cada uno por su lado. Mientras esta idea va tomando cuerpo entre los hombres él comienza a transitar, todas las tardes, bien ataviado y con su porte regio por los paseos de moda, el bosque de Palermo, el Paseo de Julio, la calle Florida. En distinguidas confiterías exhibe sus dotes de ajedrecista y diestro jugador de billar y se relaciona con la clase encumbrada de Buenos Aires. Es invitado a concurrir al Jockey Club donde demuestra que es un jugador de bridge experto. Así va conociendo los nombres ilustres, la “creme della creme”. Compra el diario La Prensa donde mucha de la actividad social se ve reflejada en las páginas. Asiste a galas que se ofrecen en los teatros Politeama y el Colón de la avenida de Mayo y a los ágapes que se realizan en suntuosas mansiones. También concurre a algún promocionado sepelio en los panteones del bastante caótico cementerio de La Recoleta donde según parece, desde la epidemia de fiebre amarilla que asoló Buenos Aires, sólo van los restos de los ricos, los guerreros y los políticos de alta dignidad.
Continuará… Versión completa 20 páginas formato PDF. Si es de tu interés, solicítala y la enviaré en forma gratuita a tu correo.

La Secta

La reunión de los viernes

Todos los viernes, al caer la tarde, se congregan un grupo heterogéneo de hombres, todos mayores de cincuenta años, en la antigua librería de Juanjo, ubicada en el centro de Buenos Aires.
Libros viejos, hombres viejos, cargados de historias los libros, cargados de soledad, de vicios, de historietas, los hombres. Los que van llegando, dejan paquetes de provisiones en la trastienda. Vinos, whisky, vodka, tequila, pan, quesos fuertes (Fontina, Roquefort, Gruyere), salamines y longaniza, aceitunas verdes y negras. Nueces, almendras, turrones blandos e higos secos completan el menú. Hay dos pequeñas mesas en el local que están siempre dispuestas para una partida de ajedrez en una, y en la otra una caja de madera conteniendo unas antiguas y gastadas piezas de dominó. Juanjo acostumbra invitar a los ocasionales clientes a jugar una partida. Mientras esperan la llegada de la hora de cierre se arman los grupos de los seguidores del ajedrez y del dominó. Alguien se detiene en el anaquel de las novedades y en el de las ofertas de la librería y lee con esmero las contratapas de los libros más destacados. Algunos de estos hombres son casados, los hay viudos y también divorciados y un solitario solterón amanerado.
El primero en llegar es Juan Carlos el ordenanza. Juan Carlos, típico mandadero de oficina de unos 50 años, simpaticón, conocedor de “la calle” y sus canchereadas, alto, flaco de bigotes medianos, risa fácil y dientes superiores centrales separados, característica típica de los tipos falsos. Siempre le toman todos sus dichos con “pinzas”, creyendo la mitad de la mitad de sus apreciaciones, siempre dispuesto a la conversación y a la discusión. Conocedor de cuanto tema se trate. Inapreciable en toda conversación al pedo que uno encare. Animador de velorios, motivador de aburridos y depresivos, cuentero de vocación; su aspecto personal deja bastante que desear. Siempre el mismo traje gris raído, los mismos zapatos marrones cuarteados, las mismas 2 corbatas que alterna, regalo de un jefe piadoso y eso sí camisas limpias, arrugadas pero limpias. Vive en el Sur, en el suburbio de Temperley, a veinte cuadras de la estación ferroviaria, donde comparte con su mujer, su suegra y dos hijos ya grandes, una casa vieja en cuya terraza él despunta unos de sus “vicios”. En un vivero, donde “cría” plantas y lombrices en cuanto recipiente encuentra, latas, plásticos, cerámica. Cajones de madera. Tiene una excelente mano y de semillas o gajos él obtiene la materia prima que luego trabaja hasta convertir las plantas en Bonsai que, cuando están listas, vende para obtener un recurso extra a su magro sueldo de ordenanza. La terraza es su refugio de lo cotidiano y del grupo familiar que lo tienen segregado y valorizado como un fracasado. Allí con sus manos y sin gastar un peso, él promueve y modela la naturaleza vegetal. Las lombrices que se crían en un tambor especial que contiene tierra y restos de basura orgánica familiar, en realidad las utiliza para que en cada recipiente oxigenen la tierra y generen abono para las plantas. La tierra la obtiene en el barrio, de las excavaciones que hacen vecinos para reformas o construcciones de viviendas. Una de sus obsesiones y pesadillas recurrentes y porque no, una fantasía maleva es que un día por efecto de la acumulación de tierra en la terraza ésta se derrumbe y sepulte a su mujer y a su suegra y lo encierren por doble asesinato premeditado. Cuando piensa en los hijos se asusta un poco… pero sigue trayendo tierra. Las semillas las consigue de los parques y jardines. En sus recorridas laborales, siempre recoge de los parques semillas para sus siembras. Si uno le pregunta que tiene en sus bolsillos, seguro que encontrará un boleto de tren, unas monedas, semillas varias, un bolígrafo y un trozo de papel para atender otro de sus hobbies. El tipo es cultor de una de las más raras variantes literarias. Se trata de los palíndromos. Tiene la curiosa costumbre literaria de buscar palabras o frases que tengan significado cierto leídas tanto de izquierda a derecha como de derecha a izquierda. Las colecciona como quien colecciona boletos capicúas y cada vez que su mente descubre algo, se detiene, esté donde esté o con quien esté, saca su trozo de papel y el bolígrafo y escribe el hallazgo. Esto le ha generado rechazos y aprecios. Sus compañeros de oficina dicen que está medio “tocado”, pero uno lo puede encontrar en cualquier esquina dialogando con personas encumbradas haciendo intercambio de palíndromos e incluso sentado en lujosos bares compartiendo una bebida que, es bien sabido, él no puede pagarse, acompañado por hombres y mujeres que disfrutan de sus charlas. Llega antes de las 6 de la tarde y con toda confianza se dirige a la cocina y prepara unos mates amargos para matizar la espera. También una jarra térmica de café. Es su trabajo. No le cuesta mucho trabajo organizar la recepción del resto.
El que llega a continuación es…
Versión completa 10 páginas A4 formato PDF. Solicita el envío de la versión completa al e-mail jorjowainot@gmail.com

El formato de los textos

Cómo mejoro mis textos

Hoy voy a tratar algunos tips fundamentales a la hora de escribir, que además de la ortografía son imprescindibles para ser tenidos en cuenta a la hora de hacer una presentación escrita. Hay varios factores y los voy a desmenuzar a continuación:

La importancia de la primera impresión

Como en todo, aquí también cuenta, y mucho, la primera impresión… Personalmente, si hay algo que me desalienta al empezar a leer un texto es verlo “atiborrado”, es decir, con frases largas, sin apenas signos de puntuación ni espacios entre párrafos. Un mismo contenido puede dar una impresión completamente diferente, según la forma en que esté redactado: • Si está escrito con un estilo cuidado, separando párrafos con espacios, utilizando las comas, los punto y coma… visualmente al lector le resultará agradable y de fácil lectura.
• Sin embargo, si ese mismo contenido lo escribimos “todo seguido”, lo que conseguiremos es no captar la atención del lector (algo que, imagino, no es lo que pretendes) o, cuanto menos, si se ha decidido a iniciar la lectura; es muy probable que la abandone al poco tiempo, puesto que le puede resultar tediosa, aunque en realidad no lo sea.

Uso correcto de los signos de puntuación

Para dar una estructura correcta a un texto, disponemos de varias herramientas básicas y útiles, que todos conocemos pero que lo difícil es, a veces, utilizarlas correctamente. Esas son:
El punto «.» El punto (.) es, como bien sabes, un signo de puntuación que se coloca al final de cada frase. Pueden utilizarse de varias maneras, según el sentido general del texto en el que están colocados: • Punto y seguido: lo utilizamos continuamente para separar enunciados dentro de un mismo párrafo. Como ejemplo, el que ha colocado delante de la palabra “Como” en este mismo párrafo. • Punto y aparte: sirve para separar dos párrafos dentro de un mismo texto. Visualmente hace más agradable y más fácil la lectura del texto. Para ser correctos, se debería colocar sangría en la primera línea del texto del nuevo párrafo. • Punto final: es el que se coloca siempre al final del texto, a modo de cierre. El punto también se utiliza en las abreviaturas. Ejemplo: atte., en vez de atentamente.
La coma «,» La coma (,) es el signo de puntuación que se utiliza para marcar una pausa dentro de un enunciado. Normalmente separa los componentes de una enumeración de palabras o frases, excepto que estas palabras o frases vengan precedidas de alguna de las siguientes conjunciones: y, e, o, u, ni. Ejemplo: Tengo que terminar este post, moderar los comentarios y responder. También se puede utilizar para delimitar una aclaración, dentro de un texto. Ejemplo: Julio, el hijo de un amigo, juega muy bien al fútbol, es arquero.
El punto y coma «;» El punto y coma (;) es otro signo de puntuación que se utiliza, especialmente, para unir en una sola frase dos oraciones que están relacionadas. Ejemplo: “Hoy he salido tarde del trabajo; no me dará tiempo a hacer los trámites que tengo pendientes”.
Los signos de interrogación «¿» y «?» y de exclamación «¡» y «!» Los signos de interrogación (¿?), se utilizan, como todos sabemos, para denotar una pregunta. Y los signos de exclamación (¡!) se usan para resaltar la voz. En principio, su uso es muy sencillo. Pero hay ocasiones en las que dudamos sobre cómo utilizarlos correctamente. Las dudas más frecuentes son éstas: ¿Es correcto utilizar un solo signo de interrogación o puntuación al final de una frase? Lo correcto es utilizar los dos, aunque el uso de un solo signo al final está muy extendido en ámbitos como el WhatsApp, los SMS,… y en otros idiomas, como el inglés, se usa un solo signo al final, pero en español lo correcto es utilizarlo tanto al principio como al final. Si escribo varias preguntas seguidas, ¿cómo hacerlo? Hay dos maneras de hacerlo. Una es escribirlas seguidas, sin coma o punto y coma, en cuyo caso la primera letra de cada oración ha de ir en mayúscula. (Ejemplo: “¿Qué opinas de este texto? ¿Crees que puede resultarte útil?”). Y la otra es separándolas como coma o punto y coma; en este caso, la primera letra de cada oración (excepto de la primera), iría en minúscula. Ejemplo: ¿Qué opinas de este texto?; ¿crees que puede resultarte útil? Tras una oración interrogativa o exclamativa, ¿hay que poner punto? No. Los signos de interrogación y exclamación cierran la frase. No se pone el punto detrás.
Los puntos suspensivos «…» Los puntos suspensivos (…) son un único signo de puntuación, formado por tres puntos seguidos sin espacio entre ellos. Tienen varios usos. Se colocan al final de una frase, normalmente para dejar en suspenso una acción, denotar duda… establecer una pausa. Ejemplo: excursión: pronóstico de lluvia para mañana… No sé si podré ir de paseo.
Herramientas que enfatizan ideas: negrita, cursiva y subrayado Escribir palabras o textos en negrita, con cursiva o subrayadas nos permite enfatizar ideas en un texto. Solo fijándonos en las palabras que estén destacadas de alguna de estas formas, nos podemos hacer una idea del contenido de un texto. Destacan lo importante y captan la atención del lector. Personalmente yo soy de utilizar estos recursos, pero pienso que, como todo, ha de hacerse con moderación, sin abusar. El exceso empastaría el texto y dificultaría su comprensión; utilizarlas estas herramientas para destacar lo más importante, no para desconcertar al lector destacando muchas cosas a la vez.
Mayúsculas: por qué no. ¿Quieres un consejo? ¡No lo hagas! Escribir en mayúsculas equivale a decir las cosas gritando. Y estoy creyendo que no es eso lo que pretendes, por lo tanto, utiliza otros recursos que ya hemos visto para destacar tus ideas, pero no escribas textos con mayúsculas…

Premio Novela A Sangre Fría

Ahora sí. La imagen que precede, corresponde a la cubierta del libro que se publicará en breve por Ápeiron Ediciones de Madrid – España como novela ganadora del concurso A Sangre Fría en febrero de 2018. Se trata de los crímenes del Zodiaco.

Esta novela, que fue ofrecida en forma gratuita y completa en este Blog en el mes de noviembre/17,  estará disponible hasta el 30 de Mayo de 2018, posteriormente sólo podrá ser adquirida en la citada editorial en alguno de los formatos ofrecidos.

136 páginas en formato PDF

¿Qué es el poderoso PDF?

Los archivos PDF : Portable Document Format, «formato de documento portátil») es un formato de almacenamiento para documentos digitales independiente del dispositivo que uses (Pc de escritorio, notebook, tablet y celulares) y plataformas de software o hardware (Windows – Apple – Android) Este formato es de tipo compuesto (imagen y texto). Es el formato más difundido en la Web y permite que leas textos asociados con imágenes, sin deformaciones, uses lo que uses. El programa que te permite leer estos archivos es el Acrobat Reader (gratuito y 100% compatible con cualquier dispositivo que uses) y no viene incorporado como software esencial por lo que puedes bajarlo a tu máquina, gratis y libre de virus. Estos archivos son por los que yo te envío las versiones completas de los textos propuestos en los post del Blog.

Instala el Acrobat en tu dispositivo haciendo clic aquí.

El daño

El viejo y la gitana

El hombre está vencido por la vida y las circunstancias, tiene como cien años cargados en su espalda de meticulosos fracasos aunque su edad cronológica sea mucho menor. Deambula por la vida como un santón hindú, habiendo agotado ambiciones y apetitos. Para la sociedad no existe, es menos que NN, duerme donde lo encuentra la noche, en una plaza si hace buen tiempo, debajo de una autopista si llueve, acurrucado en la entrada de cualquier galería comercial si hace frío. Come muy poco, en lugares donde se da un plato de comida caliente por caridad.

Goza de una virtud, es muy pulcro; misteriosamente siempre usa ropa limpia y esto lo hace pasar desapercibido en la multitud. Tiene un pasatiempo, caminar: recorre por día unos 20 kilómetros.

Transita barrios, plazas, monumentos. Es un observador solitario en medio de gentíos. Las caras no le interesan. El resto lo observa todo minuciosamente, con curiosidad renovada. Salvo contadas personas que saluda por hábito, por conocerlas de una época pretérita, no entabla contacto con nadie.

Un sábado caminando por un gran parque donde hay puestos de artesanías, que recorre de vez en cuando porque le atraen los objetos realizados con las manos y con la mente; al llegar al final de la feria y en el espacio verde hay algunas personas de ambos sexos que han desplegado mesitas y sillas a cierta distancia entre ellos donde adivinan la suerte mediante cartas, bolas de cristal, runas y otros objetos. En definitiva, es el templo de los crédulos y los perversos… Una voz lo llama:

  • ¡Shh, Shh! – Él no la toma en cuenta.
  • ¡Oye guapo! – no mira, ¿para qué?… pero la voz femenina insiste
  • … ¡Hombre, dígnate mirarme por lo menos! -es una voz de mujer grande, gastada, ronca, quizás por el tabaco o el alcohol.

Ante la insistencia y tratando de evitar un escándalo, el tipo dirige su vista hacia la mujer. Se trata de una gitana gorda que lo mira intensamente y le hace un gesto invitándolo a sentarse frente a su mesa.

Él contesta frotando los dedos de su mano derecha informándole que no posee dinero.  Ella insiste, el parque está semidesierto a esa hora temprana de la tarde. Él por cortesía, que no ha perdido, se acerca y se sienta frente a ella.

  • No tengo dinero, ni creo en tus argucias.
  • ¡Habrase visto!, ¿por quién me tomas? ¿acaso nos crees a todas iguales?
  • No te ofendas pero sí, creo que todas fueron educadas para vivir de este modo, engañando de distintas formas; dice en voz baja… y recuerda, yo no tengo nada y tu trabajo será inútil.
  • ¡Inútil no! Yo te ayudo a ti y tú a mí. -La mira a los ojos con esa mirada helada del que no tiene, ni da afectos y recibe a cambio una mirada cálida, comprensiva, íntima. Se produce un silencio, por fin la interroga.
  • ¿Y como podría yo socorrerte?
  • Como yo te ayudaré a ti. ¡Dándome suerte!
  • ¿Suerte?, -suelta una involuntaria carcajada-. Te has equivocado de persona mujer.
  • No lo creo. Yo soy muy perceptiva, tengo clarividencia. Soy muy apreciada entre los míos por mis dones.
  • ¡Bah! Esas son pavadas repetidas tantas veces que al final te las crees. -La incredulidad se expresa en los ojos.
  • Puedo demostrarlo. Yo soy gitana de una tribu egipciana de las más antiguas que hay en este mundo.
  • ¿Egipciana?… ¿qué cuento es ese? Nunca en mi vida escuche semejante cosa.
  • Egipciana es la tribu de gitanos que trajo a Europa desde la India, hace más de veinte siglos las cartas del Tarot… ¡Nadie! Absolutamente nadie, sabe los significados ocultos reales de aquellas cartas como nosotras. Ni siquiera otras tribus gitanas. Mucho menos estos aprendices de brujos que pululan hoy día. -ella mira con desdén hacia las otras mesas instaladas-. -el hombre no contesta, escéptico.
  • Dame tu mano izquierda. El acepta con desgano, mientras observa las otras mesas. Las miradas de los que ociosos convergen hacia ellos. Vuelve su vista hacia la mujer, incómodo y arrepentido de su debilidad que lo ha puesto en esta situación ridícula. Ella extiende sus manos calientes y examina minuciosamente el anverso y reverso de su mano izquierda en silencio. Luego extrae de sus ropas una bolsita con sal gruesa, le pone unos granos en la palma de la mano y la frota con su mano izquierda hasta quedar ambas rojas y ardientes…

Continuará 

12 páginas formato PDF.  Pide la versión completa

La conexión cubana

San Valentín, ¿aplica?

Y si, la vida es como una mariposa con hipo. Le cuento mi caso. Soy un argentino de 50 y pico de años (ponga  el número que le guste), casado, tres hijos,  desocupado desde hace varios años, otrora gerente de varias especialidades en empresas de importancia y hasta director de una ONG, empresario del rubro informático durante una década, sin estudios universitarios, sin idioma inglés. En  pocas palabras un inútil sin futuro.

Como Argentina es “el reino del revés” dentro del mundo, en el 2009, tan sorprendentemente próspero y prometedor, me inscribí en un portal de Internet para recibir newsletter´s (novedades) relacionados con solicitudes de puestos de alta dirección empresaria, con la esperanza que alguna Pyme (pequeña y mediana empresa) pudiera necesitar un ejecutivo no muy caro pero experimentado, aunque fuera un dinosaurio.

Cada semana, puntualmente, en una de mis casillas de correo de Internet, recibo las ofertas de trabajo, para distintos puestos con los requerimientos del mismo, casi todos fuera de mi perfil (personas menores de 40 años, con fluido dominio del inglés, con títulos universitarios, etc.); no obstante, de vez en cuando hago clic sobre el botón que dice “postularse”, casi como en broma hacia estos estructurados evaluadores, generalmente universitarios recién recibidos que rondan entre los 25 y 30 años para generarles algún tipo de sobresalto.

Hace un mes, entre la docena de puestos ofrecidos, hubo dos que llamaron mi atención y me postulé. Uno era como administrador de una ONG (organización no gubernamental, sin fines de lucro) y otro que solicitaba Gerente General con fuerte orientación comercial, para una empresa panameña que abría una sucursal en Cuba.

Antes de responder la segunda propuesta, dudé un poco, hice una evaluación afectiva. Seguro que mi mujer y mi hijo de 17 años no me iban a acompañar. Amigos: tres, que nos queremos pero, nos vemos un par de veces por año. El barrio, no es aquél donde nací ni donde me crié. Mi matrimonio (segundo), 28 años, totalmente amortizado. En resumen poco que perder y tal vez…

Lo cierto es que recibí por correo electrónico una invitación a una entrevista en una afamada consultora domiciliada en el exclusivo reducto de Puerto Madero para el día de siguiente a las 13, hora bastante inusual para una evaluación laboral.

Como siempre en estos casos (hacía bastante que no era citado ni para verme la cara) y dominado por el nerviosismo, hice una lista de tareas: Enviar el mejor traje a la tintorería, elegir camisa, corbata que combine (ni tan sobria que parezca de una funeraria, ni tan estridente que parezca un pendeviejo), elegir perfume (¿francés o americano?, medias y zapatos adecuados. Bolígrafo de primera calidad, porta tarjetas personales de cuero (regalo empresario de otras épocas),  peluquería temprano, ensayar diálogos creíbles, algún chiste sutil para matizar. No, éste no, es muy picante. No éste tampoco, es muy estúpido. Aquel del cura y el carajillo está bueno pero ¿Cómo era el remate? ¡Carajo! No lo recuerdo. ¿Será Alzheimer?

Dormí mal.  ¡No voy a bloquearme en la entrevista! Impaciente, por fin llega la hora, tan renuente cuando uno la espera.

Mi mujer me dice que estoy vestido para una boda. ¿Será un elogio o habré exagerado?  Subo al auto de alquiler (remis), por si me están observando. Sería feo llegar en un taxi o a pie. Tengo un nudo en el estómago, mis manos  transpiran. Debo serenarme. Recuerdo mi  técnica de control,  que repito durante el trayecto “Yo soy fuerte, yo soy valiente, yo salgo adelante, yo triunfo, yo venzo, yo gano, yo puedo y esto se da para mí en todos los órdenes”… ¿en realidad, puedo?

Cuando llegamos pago y  mientras subo al segundo piso del bloque de ladrillos rojos, me recuerdo mi frase de Perogrullo “Nunca hay una segunda oportunidad para dar una primera impresión”. Estoy más tranquilo, trato de lucir relajado cuando ingreso.

Tras una puerta de cristal, en una recepción lujosa, está la infaltable sonriente, joven, hermosa recepcionista – ¿quién dentro de la empresa le calentará la entrepierna?, ¿será hombre o mujer?– estos pensamientos transcurren mientras extraigo una tarjeta de mi lujoso portatarjetas y sonriendo le digo que estoy citado para las trece.

Ella mira una planilla y me indica que la licenciada Florio me espera en el Restó que hay en planta baja. La voy a identificar fácilmente porque está vestida con un traje color obispo y está sentada frente a una ventana que mira al Dock.

Me quedo bloqueado, ¿seguro que ésta es mi entrevista? –pregunto con sorpresa–. –Ella pone cara de yo no sé y toma un teléfono, hace la consulta pertinente y me confirma con la cabeza.

Desciendo por la escalera mientras pienso –estoy acabado. Al llegar al primer piso me miro en un espejo que me devuelve una imagen desencajada, una mirada febril.

– Estoy perdido, mejor me voy.  ¡No! Si llegué hasta aquí debo continuar. ¿Con qué? Meto la mano en el bolsillo y extraigo un  escuálido billete de cien pesos. Tarjeta de crédito no uso desde hace años. Es ridículo. Ni para la propina del mozo. ¡Qué papelón!

Llego a la calle y me enfrento con la puerta custodiada del Restó. Decido entrar y ensayo una excusa. ¡Deje la billetera en el estacionamiento! o ¡ya almorcé!

Me sobrepongo e ingreso con paso seguro el interior penumbroso, fresco y rumoroso del lugar. Se acerca el maitre, sobrio y ceremonioso para ofrecerme una mesa. Le informo que busco una señora con traje color obispo.

  • ¡Ah!. Sí, la licenciada Florio…acompáñeme por favor.

La mujer sentada junto a la ventana tiene, por supuesto, unas hermosas piernas, exhibidas como herramienta de laburo, la blusa con un descuidado botón desabrochado que permite ver un costoso corpiño de encaje,  sosteniendo unos considerables atributos. Mira hacia afuera distraídamente permitiendo que la observen. Su cabellera corta rojiza se mueve suelta cuando vuelve la mirada hacia mí. Sus ojos grises me escrutan con interés, neutros…

versión completa 25 páginas formato PDF. Envio gratis.

 

El itinerario de las moscas

El itinerario de las moscas

Este cuento que publico completo,  tiene la finalidad de aliviar las tensiones  del mes de diciembre que, en Argentina, tradicionalmente, los ánimos están caldeados.

Florencio Ramiarte, es un hombre de cuarenta y ocho años, cuya profesión es, viajante de comercio del rubro ferretería. Su zona incluye las provincias de Santa Fe, Chaco, Santiago del Estero, Tucumán y norte de Córdoba.

Dar la vuelta completa, recorriendo los comercios que figuran en su cartera de clientes, le demanda mes y medio. Cada tanto llama a la casa central e informa el resultado de sus ventas.

Al término de su circuito, descansa quince días en un suburbio de  Buenos Aires, donde comparte su vivienda con una mujer paraguaya, a la que atiende, se entiende, mientras está en la casa, que es de su propiedad y que ella mantiene cuidadosamente.

Durante su gira, Florencio se aloja en los lugares que sirven de centro geográfico de cada zona y vive varios días, aprovechando para reacondicionar su vestuario y realizar el mantenimiento de su baqueteado Ford Taunus.

Esta vez, la expedición no está produciendo los resultados esperados, la venta es escasa y la cobranza está muy difícil, por lo tanto decide explorar nuevos territorios.

Transitando una ruta de Santiago del Estero a Córdoba, en un cruce vecinal, ve un cartel indicador casi ilegible, que indica: La Marca  4.

Sin pensarlo demasiado, encara el camino de tierra, esquivando las huellas profundas, rodeado de un paisaje despojado. Al llegar al pueblo, quizás el nombre de pueblo es demasiado, da la clásica vuelta del perro por la plaza.

Así, descubre el mejor y único hotel y fonda llamado El Refugio. Él viene de un largo viaje y le parece mejor alojarse, comer algo y después de la siesta, encarar los comercios de los posibles clientes. Son las once de la mañana.

Al ingreso, encuentra al administrador del lugar haciendo un crucigrama acodado en el mostrador; el viajante observa el recibidor en estado ruinoso y la construcción, que necesita reparaciones varias de forma urgente y duda…; la espalda le avisa que es necesario un descanso y eso lo decide.

Se dirige al tipo que lo mira con curiosidad y le pide el mejor alojamiento, el conserje le responde ceremonioso:

  • Lo mejor que tengo es una pieza, con una ventana que mira a la plaza, está bien equipada y está libre en este momento. Tenga en cuenta que allí se alojó un monseñor.
  • ¿Un obispo, en este pueblo? ­–pregunta el viajante, irónico.
  • Mire, en realidad no sé, si era o no, eso dijo él. Es lo mejor que tengo, ¿le interesa?
  • Bueno, la tomo por hoy, otra pregunta ¿el baño?
  • Sale y por el fondo va a encontrar una caseta con letrina y una pileta afuera para asearse. Aquí tiene jabón, si le hace falta.
  • No, gracias, yo traigo –Florencio mira con desdén el trozo de jabón de lavar la ropa, que le ofrece el otro.

El viajante, llega a la habitación y se recuesta en una cama que cruje; el mobiliario es pobre y el espejo del ropero, está comido por los hongos; del techo cuelga  un aplique con una lámpara sucia. La ventana, no tiene cortinas y tiene que buscar un rincón alejado para cambiarse y no ser visto. Los chiquilines del pueblo ya se han dado cita para ver al forastero y miran a través del vidrio. El lugar es deprimente pero se consuela pensando que a lo mejor, con un poco de suerte, ni pasa la noche allí.

Un poco antes del mediodía y preguntándose que habrá para comer, porque el aire está invadido por aromas apetitosos, decide ir al baño y caminando por un sendero de losas, encuentra el mentado “baño”, destartalado y hediondo, infectado de moscas que lo acosan sin piedad mientras hace equilibrio en la letrina, con una mano sosteniendo el pantalón bajo y con la otra manoteando al aire sin descanso.

Indignado por el penoso trámite, sale del baño y se dirige directo a la recepción y con vehemencia, reclama al encargado:

  • ¡Oiga! ¿Me puede decir a que hora no hay moscas en el baño?
  • Sí, claro… a las doce –responde el hombre, displicente.
  • ¿Cómo? –pregunta el viajante, desconcertado.
  • A esa hora, están todas en el comedor. A todo esto, ¿le reservo un lugar para comer?
  • No gracias, estoy a dieta.

Que la pases de lo mejor en las Fiestas que se avecinan. Salute.

Malandrín y estafador

Malandrín y estafador

“Y ahora sé, que en cualquier momento me la van a dar” rock nacional "Matador"
El estafador - cuento policial

La tarotista despliega las cartas frente a mí. Chasquea los dedos de su mano libre y me mira con gesto adusto. Examino su rostro: boca amplia, franca. Ojos verdes expresivos e incisivos, cara redonda, regordeta, con arrugas gestuales atrayentes.

Recorro con la mirada el ambiente; la penumbra es lóbrega  y no permite adivinar los contornos del lugar, sólo una lámpara, muy direccionada, ilumina la mesa y nuestras siluetas, que reposan frente a frente en una pasividad tensa.

Ella, recoge las cartas en silencio, mezcla el mazo, corto nuevamente y despliega las cartas en un dibujo distinto al anterior… mueve la cabeza con fastidio… Reúne las cartas y vuelve a mezclar. Me penetra con la mirada y pregunta:

  • ¿Cuál es tu nombre?
  • Rafael.
  • ¡Ah!… El Rafa. –Dice ella mirándome con mayor interés. Vas a tener que pagarme ahora.
  • ¿Cómo? ¿Antes de leerme las cartas? –pregunto incrédulo. Meto la mano en el bolsillo del pantalón y extraigo un billete de 50 dólares y lo arrojo sobre el tapete, ofendido.

Ella lo observa detenidamente, luego extrae una lapicera luminosa y enfoca al billete con una luz que permite detectar detalles ocultos. Satisfecha guarda el dinero y comienza una nueva tirada cambiando el dibujo.

Es la tarotista más famosa de Buenos Aires, la llaman la “marroquí”. Sólo trabaja con gente que camina por el lado oscuro de la Luna… Ahora se decide a hablar.

  • Así que tú, eres el famoso Rafa.
  • Hay miles de Rafa. Contesto con voz neutra.
  • En este ambiente sólo dos. Y el otro, el asesino profesional, ha muerto hace dos semanas. Ahora tú eres el único –tras una prolongada pausa continua–. ¡Ajá!, “El fabuloso Rafa”, “el mago”… Bueno, pasando a lo que auguran las cartas y resumiendo: Tienes  mucho pasado, poco presente y ningún futuro.
  • ¿Para eso te he pagado 50 dólares? Si estoy aquí, por primera vez en mis … casi cuarenta años de profesión es porque estoy complicado.
  • ¡Muy complicado! – He tirado tres veces las cartas y en las tres terminas mal. Apaleado, mutilado y muerto –sus ojos lo dicen todo–. Es el momento que levantes vuelo.  Rápido.  Sin demoras. ¿Me entendiste?  No te dejes ver. 

Toma el teléfono y llama a una empresa de taxis. Luego me despide:

  • ¡Suerte! La vas a necesitar: Un taxi de mi confianza te llevará a donde tú quieras; ¡Muévete, el tiempo no está de tu lado!

Al subir al taxi, me escondo en el asiento trasero y le digo al conductor.

  • Lléveme a Villa Ballester. Me recuesto, porque estoy un poco descompuesto.
  • ¡Pero, eso es provincia! – dice el tipo sin arrancar.
  • No se preocupe por la plata. Le pago lo que sea.
  • ¡Siendo así! –El vehículo se mueve; él dice con ironía–. Esta mujer los deja mal; muchos  salen descompuestos.

Mientras el taxi hace su recorrido afloran los recuerdos. Primero los recientes. Esta mujer mi conoció por mi apodo. El Rafa… continuará

7 páginas formato Word o PDF; pídeme la versión completa y la recibirás GRATIS: jorjowainot@gmail.com

 

Cuestiones Amorosas

Las cuestiones sexuales serán  importantes en tu próxima novela

9 preguntas para la descripción de la situación 

  1. ¿Cuantos años en la vida de una persona el sexo ocupa el centro de la escena?
  2. ¿Es el sexo una adicción?
  3. ¿Realmente cuánto tiempo dura el acto sexual?
  4. ¿Es una necesidad o una ilusión?
  5. ¿Hay una reacción química?¿explosiva?
  6. ¿Es lo mismo el consentimiento rápido que un merodeo?
  7. ¿El sexo es una condición inevitable para el amor?
  8. ¿El sexo entre parejas del mismo género,  concibe amor o pasión efímera?
  9. ¿El amor dura lo que una canción?

 Algunas opiniones:

Paulo Coehlo: 11 minutos es todo lo que dura la pasión.

Gabriel García Marques. Descubrí, en fin, que el amor no es un estado del alma sino un signo del Zodiaco.

La energía sexual sucede antes que el propio sexo.

El mayor placer no es el sexo sino la intensa práctica previa. 

La pasión y el deseo deben ser intensos para obtener un acto pleno.

El acto sin deseo es una descarga tan inocua como el vaciado de un sifón.

El sexo sin deseo es como ir al gimnasio. Mucha transpiración y poco placer.

El hombre desde el uso del profiláctico y el Viagra  también puede fingir el orgasmo.

La mujer puede fingirlo siempre. Por aquello del tratamiento. Él trata yo miento.

El hombre y la mujer tienen distintos tiempos para estar calientes.

En general cuando el hombre acaba es cuando la mujer empieza a calentarse.

Cuando el hombre acaba, el sexo acaba. ¿será cierto?

Estos datos pueden ayudarte a crear el perfil de tus personajes y a delinear sus situaciones.