Los caballeros de la noche

Los caballeros de la noche

Este relato está basado en un hecho histórico y fue el primer texto policial que escribí, adaptando un breve pero jugoso artículo de la revista Todo es Historia.
1881
En el mes de febrero de 1881, el transatlántico L´Italia amarró en el puerto de Montevideo trayendo desde el puerto italiano de Génova a muchos inmigrantes europeos. Entre el pasaje desciende un hombre joven de aspecto distinguido que hablaba el español pero se notaba que no era su lengua nativa. No extrañó al agente de Aduanas que fuera un europeo ya que en aquel entonces se contaban por miles los que llegaban desde distintos puntos, especialmente con destino a Buenos Aires, pero que recalaban en Montevideo para estirar las piernas y ver que oportunidades de algún tipo podía presentar la ciudad luego de 19 incómodos días de navegación por el siempre temperamental Atlántico.

Se registró con el nombre Alfonso K. de Peñaranda de nacionalidad belga, 28 años oriundo de Bruselas de profesión pintor. Ochenta kilos, un metro con 76 centímetros de altura, ojos azules, pelo negro. Lo que sí llamó la atención de aduanero fue la excelente calidad de sus ropas y de las botas. La mayoría de los inmigrantes viajaba muy pobremente vestido ya que habían invertido casi todo en el pasaje. Luego de consultarle cuanto tiempo permanecería en la ciudad, el belga con una sonrisa le respondió que sería por el tiempo que lo soportaran. Terminados los trámites y acompañado por una liviana maleta de cuero se dirigió a la fila de carruajes que esperaban pasajeros para trasladarlos a hoteles, albergues o casas de familia de la ciudad. 

Cuando subió al vehículo le pidió al cochero que lo llevara a una pensión donde dieran bien de comer, fuera limpia y de precios moderados.

Los días del verano transcurrían morosamente y mientras el belga hacía amistades, estudiaba el ambiente. Concurría a prostíbulos y bares orilleros, garitos donde jugaba bacará, con el propósito de pescar algún negocio rápido y acriollarse en su hablar. El belga, como muchos de sus compatriotas, tenía facilidades para los idiomas, él dominaba el francés, inglés, alemán, italiano y el español europeo pero necesitaba adecuarse a los modismos del Río de la Plata.
En abril decidió probar suerte en Buenos Aires e ingresó por el camino más tortuoso. Viajar por tierra a Carmelo, un rancherío sin gracia y bastante peligroso, pero el belga no temía, usaba un bastón estoque con destreza y calzaba una pistola Beretta italiana de 5 tiros, que era lo más avanzado en ese tiempo como arma de puño. En Carmelo embarca en un viejo bergantín que costea las islas del Delta del Río de la Plata, hasta llegar a San Fernando, otro pequeño y misérrimo poblado pero del lado argentino. Se aloja en una casita de madera en las barrancas del pueblo de Belgrano cercana al río donde todas las tardes va a nadar y a conocer gente.
Con el primero que congenia es con Morete de la Plaza, un inescrupuloso y confianzudo morocho robusto que tiene fama de pesado en el paraje, quién le va presentado otros tipos de la misma ralea. El belga ve la oportunidad y decide formar con ellos una sociedad secreta

Los caballeros de la noche

Primero los involucra en su forma de pensar con su persuasiva verba, exponiendo que juntos pueden hacer mucho más que cada uno por su lado. Mientras esta idea va tomando cuerpo entre los hombres él comienza a transitar, todas las tardes, bien ataviado y con su porte regio por los paseos de moda, el bosque de Palermo, el Paseo de Julio, la calle Florida. En distinguidas confiterías exhibe sus dotes de ajedrecista y diestro jugador de billar y se relaciona con la clase encumbrada de Buenos Aires. Es invitado a concurrir al Jockey Club donde demuestra que es un jugador de bridge experto. Así va conociendo los nombres ilustres, la “creme della creme”. Compra el diario La Prensa donde mucha de la actividad social se ve reflejada en las páginas. Asiste a galas que se ofrecen en los teatros Politeama y el Colón de la avenida de Mayo y a los ágapes que se realizan en suntuosas mansiones. También concurre a algún promocionado sepelio en los panteones del bastante caótico cementerio de La Recoleta donde según parece, desde la epidemia de fiebre amarilla que asoló Buenos Aires, sólo van los restos de los ricos, los guerreros y los políticos de alta dignidad.
Continuará… Versión completa 20 páginas formato PDF. Si es de tu interés, solicítala y la enviaré en forma gratuita a tu correo.

La endiablada

La increíble historia que la locomotora 5557, que el 26 de diciembre de 2007, protagonizó,  un tour inolvidable.

4 páginas formato PDF

Pídemela vía e-mail y la recibirás, completa, GRATIS.